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sábado, 11 de diciembre de 2010

Alma cántaro

Soy un alma de cántaro. Un mochilón. Un disparatado optimista que anda por el mundo sin la mínima previsión. Así me pasa lo que me pasa.

Ayer perdí el tren que me llevaba a Madrid por un chispo de nada. La autovía de Granada estaba atascada, cosa que no es novedad.
Pero aquí su majestad, llegó a pensar que a esa hora iría mi coche y unos cuantos más.

Es la tercera vez que pierdo tren o avión. Lo cual le supone a mi pelado bolsillo un pastón.
Al ver que no trincaba el tren, tomé la decisión de salir follado ( es un decir) en dirección Antequera, su próxima parada.

Boca seca. Apretada la quijada. El corazón me bombea más de lo normal. La vena, del lado derecho de la cabeza, en relieve.
El semáforo que no cambia.
¡¡Me cago en mi apellido!!. No llevo tabaco ni agua.

Seguro que llego antes que el tren!!

Me meo a cachos con el vaso agua y los dos cafés. Por dios que estrés .

Hostia ahí!! Y ¿Dónde estará la estación de Antequera? Aprieto más la quijada a la par que el acelerador.
Que llego. Por mis santos huevos.
Me meeeeeeo.
Llueve sobre el cristal y ese sonido me invita a orinarme allí mismo.
Lo llego a pensar y siento un placer especial que me llega de la vejiga, a puntito de estallar.

Llegando a Loja me tuve que aliviar en un bar en el que me clavaron 1.65 por una botella agua, pero no me cobraron la meá
Empiezan fuertes rachas de viento, que hacen que me menee del asiento. Sigo pisando el acelerador como un poseso.
Pos eso!! Que aquello se meneaba más quel garbanzo en la boca el viejo. Me acojona tanto movimiento. Sigo sin aflojar.

Vista al frente. Pulso firme. Intensidad.
Miro la aguja del gasoil. “Aguanta maricón que a la vuelta te lo voy a llenar hasta las trancas.”
A eso se encienden dos luces amarillas. La de la reserva y la temperatura exterior, 4º.
Paro cerca de Antequera y pregunto por la estación.
Un hombre de buenas maneras me indica la dirección. Meo de nuevo en mitad del campo, enciendo otro cigarro y vuelvo a salir follado. Ya van dos.

Llego a la estación. Parking. Pase del portátil por la cámara oscura y pregunto. “¿Ha pasado ya el tren que sale de Granada dirección Madrid?”
Un tío con los piños más amarillos que los girasoles de Van Gogh me responde: “eze zale de la otra ehgtación”
Grrrrrrr.. o sea que hay DOS estaciones en Antequera, que no es cosa cualquiera.
"ya no le da tiempo a llegah” me llega a replicar el cacho cabrón
Hablo con mi cliente: A la mierda la comida. ¿podemos vernos pasadas las cinco? Asiente.

Cambio de billetes. Cincuenta y seis € menos. El Ave de vuelta sale a las nueve y medía..y llega a las doce.
La reunión con el cliente, a pesar de la odisea, estuvo de dos orejas con su rabo y su vuelta al ruedo.
Café, Coca Cola y tabaco me ponen los nervios tan de punta que vengo todo el camino de vuelta conduciendo el tren. Por momentos supero los 303 km por hora.
A las doce en punto llego. Un frío polar se me mete por la entrepierna y me congela la nariz y más cosas que no quiero decir.
Pago el parking. Llego al coche que al irme era azul claro pero ahora es blanco.

Limpias al galope. Calefacción a tope. Cara de cipote.

Al cabo se ve por el cristal de adelante algo, y decido salir.
Meto mi tarjeta. Me la escupe con un mensaje que dice : "Tiempo excedido"
La estación está sin luces, lo mismo que yo. Frío que te cagas en la pelada. De pronto un coche para.
El conductor me pregunta ¿Algún problema?
Era el señor de "Atención al Cliente". Me lo soluciona. Y me dice el cacho cabrón "Ha tenido suerte".

Se merecía un palizón de muerte, pero yo viendo la solución y su buena disposición, se lo agradecí respondiendo: “ ¿suerte? Y un mojón” Después le di la explicación.
Sonreímos los dos.

Me volverá a pasar.
Ya tiene uno una edad en la que es imposible cambiar.
Al alma cántaro, acompañada de una buena dosis de pachorra y de algunos genes de huevón , es imposible para la ciencia ponerle solución