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viernes, 14 de enero de 2011

De la olla de San Antón

"Cierto que no hay tal cosa como la olla, digan lo que dijeren; todo lo demás es vicio y gula." Domine Cabra

Llegadas estas fechas, los restaurantes de mi ciudad, se afanan en publicitar la afamada olla de San Antón.

Si no has ganado bastantes kilos en navidad y quieres regular tu colesterol, (más que regular ponerlo a mil quinientos metros del nivel del mar) vente estos días "pa Graná".

El plato viene de antiguo, y a mi modo de ver, debe su razón de ser al atempera miento de los cuerpos en una época del año, en la que antaño debió hacer un frío del mismísimo copón.

No siempre hubo calefacción.
Ni federicos “non frost”.

Y también, cómo no, para aprovechar los productos de la matanza que se ponían en salazón.

Así que, una vez sacados tocinos, caretas, espinazos y rabos de la sal qué mejor que prepararlos en cocción con sus papas, sus habichuelas, habas secas, su mijita arroz, su hueso de espinazo, y su morcilla negra como el charol.

En mi hogar (también llamada casa) la hacemos con algunas variantes.

Las habas secas a mi modo de ver, le vienen mejor al ganado.
Y las habichuelas pueden tener efectos sonoros algo nocivos, fuera aparte del perfumen asesino, que puede arruinar a perpetuidad cualquier olfato fino.

Como la "pringá" no nos parece suficiente, le ponemos costillas saladas, mucho corazón ( de marrano) no me seas mamón.

Tampoco le ha de faltar oreja y un trozo generoso de rabo (también de marrano), so marrano.

Garbanzos, un puñado por comensal, e hinojos que le dan un aroma especial nunca le deben faltar.

Vino mosto de la Contraviesa a mogollón. Pan de Guadix o de Albuñol que es el mejor.

Y más hambre que el perro un afilador.

Este es el secreto para disfrutar
de la afamada olla de San Antón.

Bueno, a decir verdad hay otro secreto más

Esa tarde queda prohibido trabajar