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jueves, 13 de enero de 2011

Mi vecina Inma me toca los huevos

Nací en un pueblo de secano un cuatro de marzo de mil novecientos y pico
Soy por tanto más de campo que un chaparro, que en finolis se dice encina y más viejo que las tormentas

Tuve obligaciones desde que tengo conciencia. Aquí su eminencia ( perdonen esta imprudencia) con menos años de la cuenta, era el encargado general de darle de comer a gallinas, cabras y cochinos ( que dicho en finos son cerdos). Después de darle de comer a la cabra había que traer el agua de la fuente la Leandra. Y si había olla ( se lee puchero en finolis) había que ir a la fuente fría porque ponía los garbanzos ..mu blandos.

Es curioso que según voy metiendo años en la mochila empiezo a añorar cosas a las que entonces le tenía una repudia total.
Odiaba de forma especial todo lo relacionado con el campo, la agricultura, el flamenco y otras muchas cosas por las que ahora soy capaz de cambiar hasta el chaleco.

Lo mejor sin duda era la vecindad. Entre todos hay que darle mención especial a Frasco el “Torillo “, el mejor contador de cuentos que existió jamás. La Felisa, su mujer, me trataba mejor que al hijo que ellos no llegaron a tener. ¿Y qué puedo decir de la Adora? que siempre me daba el mejor churre del queso lleno de pajaritas.

Y de su marido Antonio “Verruguita” que cada vez que venía alguien de la capital le daba por hablar fino y no se entendía ni él. Una vez compró un mulo en una feria a los gitanos, que a los dos días le daba bocados en el culo.
Yo, que pude ver el trato, puedo casi jurar que en ese momento aquel mulo se comportaba como un santo. ¡¡Claro que también pude ver dos días antes del evento que le hicieron los gitanos al jumento!!.

Lo hostigaban y le tiraban cubos de agua a la cara hasta que el mulo, diez minutos antes de morir y por tal de que no le tiraran más cubos claudicó de tal manera que pareciera maricón.

No me puedo olvidar de la Dolores a la que un día de gran pelea entre mi padre y yo (siempre pegaba él, la mayor parte de las veces sin razón) haciendo yo en la refriega un movimiento de cabeza para esquivar el hostión, ella que vino en mi auxilio se llevo la peor parte. K.O. técnico quedó.

Y su marido, Manuel “Tarambanas” y su hijo Manolo que me enseño a manejar los guarros en su época de porquero. Y a jugar al sumillo.
La Encarnita y la Carmen con las que jugaba siempre que no hubiera mayores a los médicos.
Siempre, desde que tengo conciencia puedo decir a ciencia cierta, que tuve en mi infancia la mejor vecindad que se ha dado en la historia mundial.

Y ahora me toca “sufrir” a mi vecina Inma, que he de decirlo fuerte y claro, para que todo el mundo se entere: ME TOCA LOS HUEVOS
Así como suena.
Literalmente.
Lo voy a decir una vez más para quedarme tranquilo:

Mi vecina Inma me toca los huevos.

Pongo un ejemplo para que se sepa en su máxima extensión. Hoy al llegar del trabajo, hecho un pingajo por las calores que hacen, a mi cuerpo y a mi mente le apetecían comerse un par de huevos cocidos.

Después de hervir el agua se ponen cinco minutos exactos para después ponerlos en un recipiente con agua y hielo y cortarles el rollo y la cocción.
Me gustan los huevos de gallina cortijera como no podía ser de otra manera.
Pues no acababa de secarme de la ducha cuando ha sonado el timbre.
Era mi vecina Inma con una docena de huevos ( ya manoseaos) que acababa de llegar del cortijo y nos los ha regalado.
¿Tiene huevos la cosa, o no?
Gracias Inma por tocarme los huevos de esa manera

Junio de 2008